La Fuerza Mental

La Fuerza Mental, podemos entenderla como la capacidad o la habilidad que tiene una persona en un determinado momento para poder mantener sus parámetros racionales activos y sus parámetros emocionales controlados. Para que los primeros no desaparezcan y, los segundos no se activen tanto que lleguen a secuestrar a los primeros, creando lo que en inteligencia emocional se denomina el secuestro emocional. Poder tener la Fuerza Mental suficiente en una determinada situación, permitirá a quien posea esta capacidad o habilidad mantener la conciencia situacional, parámetro fundamental para poder gestionar de forma consciente la situación y no trabajar por automatismos.

En cualquier actividad que una persona realice, el mantenimiento de la conciencia situacional, marca la competencia de gestión de la situación. Podemos hablar de conducir, de escribir, de hablar, de realizar cualquier actividad en un ambiente o entorno. Existe una mala utilización de la palabra “competencia”, probablemente por lo que entendemos que significa ser incompetente. Entendemos ser incompetente como algo malo, como que no somos eficaces a la hora de realizar una determinada tarea. La percepción de no cubrir la competencia activa una necesidad, la necesidad psicológica orgánica de competencia. Las necesidades mueven nuestra conducta de una forma muy específica. Cuando se activa una necesidad, la conducta del individuo se dirige a cubrir esa necesidad, esto hace que se activen determinados protocolos encaminados a conseguirla lo más eficazmente posible.

La competencia como tal, debe de verse de otra forma diferente, debe de verse como un concepto relativo y no como un concepto absoluto. De hecho, y si somos muy críticos con el significado de competencia, todos somos incompetentes y en algunas situaciones o ambientes, podemos llegar a ser competentes realizando ciertas acciones o tareas. Pongamos el ejemplo de conducir, todo el mundo que conduce, si se le pregunta por su competencia para hacerlo, contestará que es competente, ya que percibirá contestar que no es competente, como sinónimo de ser mal conductor. Realmente, todos somos incompetentes conduciendo y solamente cuando se den unos parámetros concretos se puede considerar que bajo esas circunstancias somos competentes. Todo el mundo es capaz de coger un vehículo y conducirlo desde su casa a su lugar de trabajo, por ejemplo. Pero si cambiamos los parámetros, si le pedimos a alguien que conduzca en el campeonato del mundo de fórmula uno, es muy posible no sólo que llegue el último, sino que además de ello se salga o tenga un accidente durante la prueba. ¿Por qué se da esto? ¿No es la persona competente para conducir? Efectivamente no se es competente para conducir en esas circunstancias, en cambio, sí se es competente para conducir en otras circunstancias, las cuales dominamos más, por aprendizaje. El punto al que se quiere llegar con este planteamiento es, por un lado, la importancia de la información o los datos que nuestra mente tiene y, por otro, lo que sucede cuando se dan circunstancias en las que se percibe u observa la posibilidad de que suceda algo que no nos gusta.

Ante estas situaciones, dónde como hemos visto, la información que se recibe es una amenaza para el individuo, la percepción de encontrarse en una situación de amenaza hará que se activen protocolos que ayudarán al individuo a defenderse de ese peligro, pero esto a su vez hará que se pierdan otras cualidades, como la de análisis de la situación, el pensamiento racional o la toma de decisiones creativa, que permite resolver situaciones de forma eficiente. El parámetro que puede permitir manejar estas situaciones con solvencia. Evaluar la información recibida y controlar ciertos procesos de forma que permitan al individuo poder mantener activas las cualidades que le pueden ser muy útiles en esta situación es la Fuerza Mental.

Para ello lo primero que debemos de tener claro es qué entendemos por Fuerza Mental. Podemos entender la Fuerza Mental como la fortaleza de la mente. Y la mente la entenderemos como, un proceso relacional y corpóreo que regula el flujo de energía y de información. Esta definición fue realizada por un grupo de expertos multidisciplinar dirigidos por Daniel Siegel, que durante cuatro años trabajaron el concepto de mente y la relación existente que tenía este con los demás parámetros del organismo. Lo que indica esta definición es que la mente regula la energía en relación a la información y que está regulación, se realiza corporalmente y mediante la relación que tiene el individuo con el ambiente. Cuando interactuamos con los demás, nos estamos relacionando con otros individuos, los cuales nos emiten una información que nosotros recibimos. La información que un individuo emite no es la información que otro individuo recibe, ya que cada individuo analiza los datos recibidos creando la propia información. La información creada por el individuo activa determinados procesos dentro del cuerpo del individuo. A este proceso, lo llamamos mente, la mente de cada individuo es única ya que codifica de forma totalmente personal los datos recibidos en su relación con el ambiente y, a su vez, estos datos los descodifica en información que de forma totalmente personal, activan ciertos procesos. Por eso la mente es única, ya que se dan dos parámetros totalmente personales. Por un lado, la descodificación de los datos recibidos y, por otro lado, la activación de procesos relacionados con esa información. Estos dos parámetros son la regulación del flujo de energía y de información. Existen determinados datos que el individuo descodifica como información que activa procesos, como se ha dicho anteriormente, que son capaces de inhibir ciertas habilidades del individuo, como la creatividad, racionalidad y análisis de la situación. Estos procesos, todos los individuos los tenemos, pero no en todos los individuos se activan ante los mismos datos. Como se ha mencionado, la descodificación de los datos en información primero y, la relación de la información con procesos fisiológicos segundo, son parámetros totalmente subjetivos. Los individuos que son capaces a mantener más tiempo activas habilidades como la creatividad, racionalidad o el análisis de la situación, son individuos que tienen mayor capacidad de adaptación en ciertas situaciones, son individuos que sus mentes tienen una mayor fortaleza, son individuos con Fuerza Mental.

Lo más importante a tener en cuenta en todo esto, es que la mente como tal, la relación del flujo de información y energía es un factor de aprendizaje. El individuo ha ido desarrollando por su formación y experiencias una determinada mente con una determinada fortaleza, lo que esto quiere decir es, que la fortaleza de la mente, la Fuerza Mental se puede entrenar y mejorar en cada individuo.

Trabajar y entrenar la Fuerza Mental, supone sobre todo, el estudio de qué datos son descodificados como amenazantes o peligrosos y, qué información de la descodificación de estos datos activan procesos fisiológicos de protección en el individuo. Cuando esto sucede, entendemos que el individuo no percibe la situación como segura. Para que suceda esto, para que la situación sea percibida como segura (SAFE) se debe de entrenar la Serenidad, para poder trabajar de forma Adaptativa la información a la situación y ser lo más Flexible posible con la Energía que está activa. Esto se consigue realizando un entrenamiento de dos fases: La primera, con un entrenamiento consciente, dónde la concentración del individuo debe de estar enfocada en percibir el valor de cada dato recibido, evaluando cuales de estos datos son realmente amenazantes y cuales solamente son VIRUS para la mente, que no permiten a esta trabajar de forma eficiente con los datos recibidos. Y la segunda, con un entrenamiento inconsciente, dónde por habituación se van cambiando el resultado de la información obtenida a partir de ciertos datos, así como la activación de ciertos procesos fisiológicos a partir de esta información.

El entrenamiento de la Fuerza Mental, requiere de un entrenamiento continuo y de una práctica constante, que poco a poco vaya aumentando la resilencia de la persona.