El Miedo

El Miedo, es una sensación, un estado, un proceso fisiológico que inunda todo nuestro cuerpo creando una respuesta adaptativa. Esta respuesta es biológicamente necesaria para el individuo, ya que le permite responder de una forma eficiente al estímulo que lo causa. El problema que tiene el Miedo es que no deja de ser una percepción, no deja de ser una forma de comprensión y proyección de lo que esta pasando, y es aquí donde comienza el problema del Miedo. Como tal, el Miedo es necesario, para la raza humana, el Homo Sapiens utiliza el Miedo para responder a aquellos estímulos que considere amenazantes, he aquí el problema del Miedo, que no se activa en los estímulos realmente amenazantes para el individuo, sino en aquellos que el individuo crea que son amenazantes.

En 1872, Charles Darwin, que unos cuantos años antes había escrito “El origen de las especies” (Darwin, 1859) plantea en un nuevo libro la relación que existe entre los estados emocionales y las expresiones. Darwin lo escribe después de cartearse durante un lustro con un francés, autor de “Mecanismo de la fisonomía humana o análisis electrofisiológico de la expresión de las pasiones” (Duchenne, 1867) en el que se hace una conexión entre la excitación nerviosa y los movimientos musculares. Darwin utiliza la teoría de este libro junto con sus análisis para plantear la naturaleza evolutiva de los estados emocionales. Darwin habla de las emociones como estados fisiológicos que tienen una función que cubrir en el individuo. Dentro de estos estados emocionales, se encuentra el Miedo. Su funcionalidad es hacer que el individuo que lo active, que sienta Miedo, no realice ciertas acciones que podrían ser peligrosas para él.

Pero si bien el Miedo, tiene sus expresiones, tanto faciales como corporales bien definidas, podríamos hablar de una universalidad de la kinésica del mismo, no sucediendo lo mismo con su activación. La aparición, activación o sensación del Miedo es totalmente subjetiva en el individuo, y ante la misma situación, habrá individuos que sientan este estado mientras otros no activarán este proceso. Existe un patrón de ansiedad en el ser humano que es una consecuencia evolutiva. Los principios darwinianos plantean que en los primeros homínidos, había unos que tenían más probabilidades de sobrevivir. Imagínense a un antepasado de nuestra especie, que estaba recolectando tranquilamente en la sabana, de pronto por el rabillo del ojo, percibe una silueta. Esta silueta, tiene una característica específica para su cerebro inconsciente, tiene simetría lateral de eje vertical, es decir, es igual en los dos lados. El homínido, nuestro antepasado, podía hacer dos cosas, quedarse a explorar que era aquello que había captado su visión periférica o bien salir corriendo y huir de aquella situación. Esta claro quien tenía más probabilidades de sobrevivir, el que huía llegaba a su cueva y podía reproducirse, pasando este patrón de huida ante algo que podría ser peligroso a su descendencia, mientras que los que se quedaban a examinar lo captado, podían ser devorados o eliminados. Esto hizo que evolutivamente la especie humana tenga un rasgo de ansiedad. Ernest Becker en su libro “La negación de la muerte” indica que la respuesta al miedo fue una forma de supervivencia de nuestros antepasados y que esto ha dado paso a una especie hiperansiosa que constantemente inventa motivos de ansiedad, incluso cuando no existen.

Por todos es sabido, el estudio que existe en psicología sobre la relación que hay entre lo que es cierto o real y aquello que el individuo entiende o percibe como cierto, aún no siéndolo. Uno de los padres de esta forma de pensar y ver el comportamiento humano fue Albert Ellis, quien después de leer “Ciencia y Cordura” (Korzybski, 1933), comenzó a estudiar la unión entre pensamiento y conducta. Creando, en 1954, las TREC (Terapia Racional Emocional Conductual). Korzybski planteaba la importancia del pensamiento en los procesos perceptivos del individuo, y sobre ello creo la Teoría de la Semántica General. Ellis sobre los planteamientos de Korzybski desarrolló lo que él llamó distorsiones cognitivas, que creaban pensamientos falaces, que la persona utilizaba de forma habitual desarrollando creencias irracionales. Con estos planteamientos Ellis comienza a dar forma a lo que posteriormente se llamará TCC (Técnica Cognitiva Conductual) que desarrollaría Aaron T. Beck en 1960, planteando una verdadera unión entre el pensamiento  y la conducta.

Todos estos estudios y formas de ver el comportamiento humano, nos indican que existe realmente una unión entre lo que se piensa y lo que se realiza, entre el pensamiento y la conducta. El ser humano tiene un cerebro que aunque trabaje de forma holística, puede ser dividido en tres partes, por la época en la que  sus partes fueron desarrolladas. La parte más baja del cerebro es lo que denominamos coloquialmente cerebro reptil. Esta parte del cerebro trabaja en presente, es la parte más antigua del cerebro humano, y se dice que tiene una antigüedad de 400 millones de años. Por encima de este cerebro esta el cerebro que se conoce coloquialmente como emocional. Este cerebro trabaja en pasado y tiene una antigüedad de 200 millones de años. Y por último, la capa más alta de nuestro cerebro y lo que nos diferencia del 99% del resto de especies, es el cerebro que llamamos neocórtex. Este cerebro trabaja en futuro y tiene una antigüedad de 2 millones de años.

La emoción del Miedo es originaria del segundo cerebro, es decir, del cerebro emocional. Cuando se creó tenía como misión, frenar ciertas conductas o actitudes peligrosas para el individuo. La diferencia entre nosotros y el resto de animales, como se ha indicado es el tercer cerebro, es el cerebro que trabaja en futuro. Esto hace que podamos desarrollar pensamientos hipotético deductivos, de las cosas que todavía no han pasado. Sapolsky en su libro “¿Por qué las cebras no tiene úlcera?” (Sapolsky, 1995) explica de una forma magistral, la diferencia que tienen ciertos procesos en los animales que no tiene este tercer cerebro y los humanos. Nosotros como especie, somos capaces de analizar y evaluar situaciones presentes, proyectándolas a un futuro próximo. Esto que es una ventaja en muchos procesos, en otros, como son las emociones, no lo son tanto, si no somos capaces de controlar y gestionarlas adecuadamente.

Poder sacar partido a la emoción de Miedo, es un proceso que ayudará a cualquier profesional a ser más competente dentro de sus labores profesionales. En negociación no es diferente, ya que un negociador se enfrenta en muchos momentos al Miedo de resultados adversos, de acciones con malos resultados, de posibles respuestas no esperadas. Todo esto, parámetros no existentes, son proyecciones de nuestra mente, de posibles consecuencias negativas de lo que sucede, de distorsiones cognitiva que crean pensamientos falaces que se pueden convertir por hábito, en creencias irracionales. Gavin de Becker uno de los mayores expertos a nivel mundial sobre la evaluación del peligro, indica que “el verdadero miedo es un don, porque es una señal de supervivencia que solo se activa ante el estímulo de peligro”. De Becker habla de dos reglas que permiten a las personas transformar el Miedo, sacándole partido al mismo. De Becker habla de “Temer a algo, es una evidencia sólida de que no sucede”, cuando se tiene Miedo de algo, no es a lo que está sucediendo en este momento, es a lo que se percibe que puede suceder. Una persona andando por un bordillo a 10 metros de altura, tiene Miedo de caerse, tiene Miedo de lo que puede suceder, el Miedo indica las posibles consecuencias que puede tener el acto que estas realizando, no las consecuencias que tiene en el presente. La segunda regla dice “Lo que temes rara vez es lo que piensas que temes, es lo que tú vinculas al Miedo”, vinculamos situaciones a emociones de Miedo. Esto es un condicionamiento por experiencias, así podemos decir que tenemos Miedo de hablar en público, por vincular esta acción al Miedo, siendo realmente otra la circunstancia que nos genera esta emoción. El Miedo en esta situación es el quedar como un incompetente, como alguien que no reúne las características suficientes para ser considerado por los demás como alguien apto para una acción, la acción de hablar en público. Pensamos que tenemos miedo a hablar en público, por asociación, pero realmente el Miedo está vinculado a una necesidad, como es la necesidad psicológica orgánica de competencia.

Recuerde que ante una situación en la que sienta Miedo, este le está indicando lo que puede pasar, ya que el Miedo se activa ante lo que todavía no ha pasado. Busque porqué se activa el Miedo y utilícelo como predicción de un acontecimiento futuro que puede suceder, y luego evalué realmente qué vinculación existe por asociación entre lo que yo creo que temo, y donde se encuentra el temor o Miedo real. Trabajando de esta manera podrá mejorar su adaptación al Miedo utilizándolo como un factor positivo, en vez de un parámetro negativo. Esto le permitirá ser más creativo y darle valor al miedo como indica De Becker.