El Argumento Patético

El Argumento Patético o argumentar con principios patéticos, es una forma de defender una postura mucho más habitual y cotidiana de lo que nos podemos pensar. Si lleváramos un registro de cuantos argumentos de los que nos presentan, o de cuantos argumentos de los que nosotros presentamos a los demás, cumplen con la premisa de ser patéticos, nos podríamos echar las manos a la cabeza. Si esta forma de argumentar es tan cotidiana, y es utiliza de forma tan extendida, la pregunta que nos debemos hacer es, ¿por qué motivo se utilizan tanto, este tipo de argumentos?

En los tiempos de Pericles, allá por el siglo V a. C., los grandes Sofistas utilizaban ya argumentos patéticos para exponer, demostrar o justificar sus posturas. Aristóteles, el creador del árbol de la Retórica, desarrolla las tres ramas de la retórica en base a los principios del Ethos, Pathos y Logos. Dándole ya una gran importancia a los sentimientos y las emociones a la hora de crear retórica. La palabra Pathos, significa emoción o sentimiento. El Pathos es la parte de la retórica que utiliza los sentimientos para afectar al juicio de quien recibe el argumento. El Argumento Patético es aquel argumento que está basado en parámetros emocionales, con los que busca conseguir su objetivo de defender una determinada posición o postura.

La Retórica debemos de verla como una disciplina que estudia las técnicas que, a través de la comunicación, se pueden utilizar para poder persuadir a la audiencia. No se sabe con certeza quien fue su creador, aunque todos los indicios marcan a Córax de Siracusa como uno de los padres de la misma. Utilizar la Retórica es utilizar herramientas que ayudan y potencian el mensaje que se quiere emitir, con el objetivo de influenciar en la audiencia que lo recibe. Aristóteles, entendió que está forma de influenciar, tenía tres ramas, que si bien, se trabajaban de forma conjunta, debían de diferenciarse y definirse por separado. Aristóteles marcó como ramas de la Retórica, la Imagen (Ethos) de la persona que emitía el mensaje, la emoción (Pathos) o forma de emitir los sentimientos como parte de los mensajes, y la Lógica (Logos) o parámetros racionales como son los datos y las garantías que justifican la conclusión de un argumento.

Durante siglos el árbol de la Retórica Aristotélica se ha mantenido casi intocable. Es en el siglo XX, cuando se comienzan a realizar estudios sobre la influencia que tiene una determinada comunicación sobre quién la recibe, por la forma y manera en la que ésta está construida. En la Universidad de Yale, en la década de los años cincuenta, un grupo de investigadores dirigidos por Carl Hovland comenzó a estudiar cómo se podía influenciar por mediación de la comunicación la actitud de las personas. Estos estudios dieron paso a otros que fueron tratando, cada vez de forma más directa, el cambio de actitud de las personas por medio de la comunicación. En el año 1986, los estudios de Petty y Cacioppo concluyeron en una teoría que ellos denominaron ELM (Elsboration Likelihood Model) o Modelo de Probabilidad de Elaboración, donde postulaban un modelo para dar explicación a los procesos persuasivos que tenían ciertos mensajes y formas de comunicar. Estos dos psicólogos indican que existen dos vías de procesamiento de la información, estas vías tienen formas de trabajo diferentes, a la primera vía la llamaron vía periférica y a la segunda vía la llamaron vía central. La utilización de una u otra vía por parte de un individuo cuando recibe información depende de parámetros personales y ambientales, parámetros que hacen que cada vía sea la que va a utilizar el individuo para recibir la información en cada situación. No es que la información sólo se reciba por una de las dos vías, sino que dependiendo de la situación, será la información que entra por una de estas vías la que más poder o fuerza tenga en la actitud que tome el individuo referente a la información recibida.

La primera vía, la vía periférica tiene una naturaleza heurística, mientras la vía central, está más enfocada a analizar la información de forma lógica y racional. Como se ha dicho, la información entra por las dos vías y por las circunstancias personales en las que se encuentra el individuo y el ambiente en el que transcurre la situación, hace que sea una de las vías las que más fuerza tenga a la hora de gestionar la información.

Simplificando mucho esta forma de ver el cambio de actitud por medio de la comunicación, se podría decir que la vía periférica es más emocional y la vía central es más racional. De ahí que muchos argumentos basados en las emociones, los argumentos patéticos, sirvan perfectamente como razonamiento para defender posturas.

Imagínese que se encuentra en un vagón de metro, en un metro dónde sus vagones están unidos todos unos a otros de manera que no existe barrera física entre el comienzo y final de cada vagón, de manera que desde dentro del metro, se pueden visionar todos los vagones. Ahora usted está en uno de esos vagones, y escucha un ruido metálico, como de algo que va rozando metal contra metal. El ruido es intermitente, y en cada intervalo suena más cerca de usted, observa como las personas del vagón donde usted viaja, comienzan a mover la cabeza, buscando con la mirada el fondo del metro, lugar del que proviene el ruido. Usted hace lo mismo, gira la cabeza, y se encuentra con la siguiente imagen: ven a un hombre sentado en el suelo de espaldas a ustedes, en las manos lleva dos chanclas cortadas por la mitad que utiliza como una especie de calzado. El hombre apoya las manos en el suelo y levantando los glúteos se desplaza avanzando de espaldas, mientras que arrastra sus pies descalzos, cubiertos por unos calcetines. En cada desplazamiento alarga la mano derecha y empujando con la chancla, acerca a sus caderas una pequeña olla metálica que se ha quedado retrasada con el último desplazamiento. Es el sonido de la olla rozando con el suelo, el sonido que le hizo a usted girar la cabeza, buscando que era lo que sucedía. Cuando llega a mitad de su vagón, el hombre se para, agarra la olla con la mano derecha y la levanta todo lo que puede por encima de la cabeza, la gente que le acompaña en el vagón comienza a darle dinero, usted mismo busca dentro de su monedero una moneda para darle. Su moneda es de un euro, igual que las monedas que le dan el resto de personas que le acompañan en el vagón. En total seis personas le dan una moneda al hombre, que agradece estas acciones, con un gesto bajando la cabeza hacia el suelo a la vez que dice “que Dios se lo page, muchas gracias, muchas gracias” y continúa su camino hacia el siguiente vagón donde usted observa que realiza la misma operación, con un resultado muy parecido al del vagón donde usted viaja. Lo que tardaba el individuo en desplazarse de un vagón a otro eran unos dos minutos. La línea de metro era mediana, el metro tardaba unos treinta minutos en recorrerla.

Esto que se le ha presentado es un Argumento Patético, que busca crear una emoción de pena, y que tiene como objetivo que usted de una limosna a esta persona. Este argumento busca trabajar sobre la vía periférica de la influencia. Sea un poco crítico con lo que se le ha descrito. El metro tarda en recorrer todas las estaciones de su línea unos treinta minutos, la persona tarda en desplazarse de vagón a vagón unos dos minutos, más medio minuto que esta solicitando limosna entre desplazamiento y desplazamiento, esto le asegura diez paradas para solicitar limosna. Usted ha visto que en cada vagón, unas seis personas le daban monedas, casi todas de un euro, por lo que podemos poner que saca unos cinco euros por parada, con diez paradas cada media hora, lo que le hace ganar un total de cincuenta euros cada media hora. Pongamos ahora que hace el recorrido dos veces al día, solamente, una por la mañana y otra por la tarde. Esto le da un total de cien euros de ganancias a la hora. Cien euros es el precio de una silla de ruedas de segunda mano, pero si esta acción, la acción de pedir limosna, la realiza en silla de ruedas, es muy posible que pierda más de un 80% de las ganancias, por perder el poder del Argumento Patético. Seamos más críticos todavía, ¿y si la persona, al final del día se levanta y se va a su casa andando? No quiero con esto que dejen de dar dinero a las personas que piden, realmente no sabemos quién lo necesita y quién es un artista creando Argumentos Patéticos, solamente percibimos quien parece más necesitado y a ese es al que le damos dinero, no siempre siendo así. Quien consiga crear un buen Argumento Patético, conseguirá más limosnas que aquel que no lo consiga, sea más o menos necesitado que otros. Nuestro cerebro compra estructura, no compra contenido. Córax de Siracura planteó hace 2.400 años, cómo uno de los principios de la Retórica, la importancia de parecerlo, por encima de serlo. Hoy en día el enunciado de Córax sigue marcando la diferencia. Los Argumentos Patéticos tienen como misión enfocar la atención de quién los recibe hacia una emoción, buscando que sea la vía periférica la que trabaje, por encima de la vía central, más analítica y lógica.

Quien consiga activar la emoción adecuada, vinculada a la situación, creará un Argumento Patético y muy posiblemente usted lo comprará. En un caso como el anterior, valore el pensar que ha ayudado a alguien que lo necesitaba, más que pensar que he caído en un timo y, en situaciones más serias, evalúe qué existe detrás de la emoción, analice si existe la lógica en lo que le presentan si la emoción desaparece.

Por otro lado, los Argumentos Patéticos, sirven para resolver situaciones de corta duración, donde la vía periférica es más rápida que la central en el cambio de actitud, y además son los argumentos ideales para tratar con personas que no tienen la competencia suficiente para valorar correctamente un argumento lógico basado en datos y garantías. Es por esa razón que utilizamos diariamente los Argumentos Patéticos.